sábado, 27 de agosto de 2016

Aquella Primera B

Los que somos afortunados y tenemos hijos sabemos muy bien que cada primer paso logrado por ellos es un triunfo compartido, un festejo tan íntimo que lo reflejamos en cada sonrisa incontenible. Los primeros pasos de Viky se festejaron más que el oro olímpico logrado por los Leones en Río de Janeiro (y eso que el triunfo del hockey masculino se festejó bastante, por lo menos en mi caso). Es que la primera experiencia siempre es espacial. Y poco nos importa que nos vean como unos nabos, por festejar los primeros pasos de nuestro bebé. Es que es difícil de entender para los que no tuvieron hijos o para aquellos que ya pasaron hace rato por eso y hoy a la distancia lo ven como una tontera. Yo, en cambio, lo disfruto.

Uno de mis primeros desafíos fue escribir mi nombre en el pizarrón en primer grado… además yo tengo dos… yo no sé si Esteban, mi mejor amigo, ese hermano postizo que me dio la vida, se acuerda pero fue él quien lo escribió por mí… y yo recibí la felicitaciones de la seño “porque Juan Pablo sabía escribir sus dos nombres”. (un cara rota importante, ya desde chico). Pero ese primer triunfo fue muy relevante para mí, sirvió para empezar a animarme, para creer en mí. Aunque a la distancia lo recuerde con una sonrisa, esa fue la primera vez que me sentí presionado; claro que hoy me doy cuenta que no cambiaba nada no saberlo porque se aprendía y listo… hay recuerdos que van cambiando con uno, que van creciendo con uno, fue salvarme de una humillación tan pequeña como mis cinco seis y tan grande como mi orgullo.

No me quiero imaginar los nervios que habrá tenido el legendario Omar Perales cuando se paró a doce pasos de Galant, el arquero de All Boy de Santa Rosa, sabiendo que si convertía llevaba a Cipolletti al Nacional, a la gloria. En realidad sí puedo imaginar sus nervios porque fue él mismo quien contó que después de ver que la pelota entraba se desmayó, y por ende, no se acuerda de nada más.

La campaña de aquel Regional 73 comenzó con goleada por 3 a 0 a Villa Congreso de Viedma y la derrota por la mínima en la capital provincial no preocupó. Llegó el momento de medir fuerzas ante All Boys y Cipo supo salir airoso. Igualó en dos en La Pampa a tres minutos del final gracias al gol de Aguirre y se impuso 4 a 3 en un partidazo jugado en la Visera. Ahí comenzó a ganar el ascenso. Los partidos ante Boxing fueron otra prueba de fuego, el equipo sureño había dejado en el camino a Centenario de Neuquén, por penales. El empate en Río Gallegos trajo algo de tranquilidad pero la revancha sería para el infarto.

El 6 de mayo del 73, Cipo se impuso con lo justo por 2 a 1 sufriendo muchísimo. El “tiburón” Espada a dos minutos del final del primer tiempo y a través de un penal ponía en ventaja al Albinegro, pero a los 43 del complemento Añón igualó para Boxing. 60 segundos más tarde aparecería Espada para darle la victoria al local. ¿El equipo? Luna; Dellaceca, Yanani, Centurión, Flores, Michelini, Espada, Aguirre, Stagnaro, Bustos y Novillino. El equipo lo dirigía Jorge Alberto Maldonado. Así, sufriendo como lo marca su historia, clasificó a la final que se jugaría tres meses más tarde… claro, había que esperar a que se juegue la ronda de perdedores que la ganaría All Boys de La Pampa. Como Cipo había ganado la fase regular tenía la ventaja de definir de local pero en casa de perder la final se trasladaría a La Pampa.

Lo del 19 de agosto del 73 ya es mucho más conocido. El recordado título de “El Gráfico” que quedó grabado a fuego “Tarde de sol, tarde de Luna”, que los que peinan canas muestran orgullosos a las nuevas generaciones.

Fueron los primeros pasos hacia un momento histórico e inolvidable. Hoy nos volvemos a ilusionar con cosas grandes, tan grande como la Primera B.

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