PRODUCTOS OFICIALES DEL CLUB CIPOLLETTI

jueves, 1 de diciembre de 2011

Hermosa evocación de un escritor al 'Ruso' Strak

Lo recuerdo como un faro organizando el navegar del equipo negro y blanco de Cipolletti por fines de los años setenta y principio de los ochenta.

Rubio, desde el medio de la cancha con el número cinco rojo en la espalda, el Ruso manejaba los hilos de los vientos del sur. No necesitaba gritos, su simple presencia alcanzaba y sobraba. Elegante, cabeza levantada, siempre buscaba al compañero mejor ubicado. En esas tardes frías en en medio de un país lóbrego, manejado por una dictadura gris que solo producía pesadillas, el Ruso brillaba y nos hacía soñar.

Su apellido combina con crack. Strak, crack. Un aura lo cubría de talento. Strak, crack.

Un día se paró delante de él un tal Beckenbauer, y el Ruso, no se achicó frente al alemán, el Ruso de Cipolletti, el rubio, el capitán, bajó la pelota con el pecho la puso bajo la suela y como una estrella más, esa noche, brilló en el Cosmos.

Junto al Beto Alonso, el Ruso, el Ruso Strak, el crack, fue la figura que dominó mis quince años. A uno, el que llevaba la camiseta de River por la que yo lloraba y reía, el que le hacía los goles a Boca, al Beto, lo tenía en revistas y lo veía por televisión; al otro, al dueño del círculo central de la Patagonia, al que cortaba todos los avances de los contrarios y organizaba los ataques propios, al Ruso, lo veía junto mi viejo desde la tribuna opuesta a la Visera de Cemento. El crack levantaba los brazos a modo de saludo, nosotros lo aplaudíamos brindándole tributo.

Un día, ya de adulto, lo conocí, llevé a mis sobrinos para que vean a la persona que me dio felicidad cuando yo tenía la edad que ellos tienen ahora. Antes de ir a verlo me sentía nervioso, iba a tener delante de mí a quien yo veía detrás de un alambrado. Me recibió con cordialidad, otra vez mi ídolo no me defraudaba.

Charlamos, como si fuese un niño me saqué una foto con él, que conservo como bandera, y me contó una anécdota inolvidable: En cancha de River, no me acuerdo en que año dijo, en uno de los legendarios campeonatos nacionales donde Cipolletti se codeaba con los más grandes, el Ruso cambió camiseta con el Beto, Strak se puso la banda roja y el Beto se fue al vestuario con la camiseta de Cipolletti, con la del número cinco color rojo sobre las tiras verticales negras y blancas, el Beto, ¡mi ídolo, el que le hacía los goles a Boca, llevaba la camiseta de mi otro ídolo, el del sur! El Ruso sin quererlo, ese día, me contó algo que yo nunca conocí de adolescente: que un día mi sueño se había hecho realidad y que ambos vistieron los mismos colores.

Esa noche cuando me fui a dormir soñé que jugaba un cabeza con Claudio Echellini, Lelo, Lucho, el Beto y el Ruso. Soñé que todos estábamos en el mismo equipo, el de mis sueños; soñé que se mezclaban el Beto, la albinegra, el Ruso y la banda roja, soñé que tenía quince años, soñé que el Ruso paró la pelota con el pecho para darle el pase al Beto, y que yo estaba en el área esperando el centro.

Con admiración a Juan Enrique Strak.
Nicolás Fratarelli

"Ni La Visera nos queda", texto y debate


Juan Pablo Quintana lee el texto "Ni La Visera nos queda" de Sebastián Sánchez. Respecto de la lectura, el staff de La Voz del Comahue analiza la realidad y la crisis de identidad que impide que Cipolletti tenga la masiva convocatoria de décadas anteriores. Enumeran errores y proponen cambios de raíz. Muy interesante.

Rezo por vos

La Visera estaba sola, desierta, en silencio, mientras a 20 km. Cipolletti perdía una vez más en Allen. Desde las 19:15 hs. empezó a recibir hinchas nostálgicos que sólo fueron a mirarla. Haciendo fuerza con la vista para que se ponga bien para el domingo como si se tratase de un buen amigo en terapia intensiva, o más gráficamente como si se tratase de su propia casa.

La Visera se está poniendo el traje para la ceremonia. Presenta césped artificial de gran calidad. Dimensiones de campo de juego reglamentarias de AFA por primera vez desde que mejoraron el reglamento. Arcos nuevos. Alambrados nuevos y recién pintados. Tal vez le falten detalles y no esté el 100% para el domingo, pero sí a punto para estrenarse.

Todos colaboraron. Los hinchas que quisieron ayudar y no pudieron por cuestiones de seguridad. Los que hicieron dos banderazos en la puerta del club. Los dirigentes que soportaron manifestaciones de hostilidad en cada mal trago de mudar la localía a Allen. Los mismos dirigentes que pusieron manos a la obra y desenrrollaron el nuevo césped. Los hinchas que fueron a ver la cancha como si fuesen dirigentes. Los dirigentes que son hinchas y pusieron de su parte lo que el club no podía para poder estrenar La Nueva Visera cuanto antes. Y los hinchas que están juntando moneda a moneda para que el estreno sea una fiesta.


El domingo a la tarde llegaron los últimos rollos. Si Cipo no puede entrenar en su cancha el jueves, lo hará en la de Roca que ya tiene el césped artificial. (Foto gentileza Víctor Urrutia)

En febrero de 1956 La Visera se estrenó en un triangular entre Cipolletti, Newell's de Rosario y Unión Alem Progresista de Allen. En 1973 mucha gente trabajó incansablamente hasta la madrugada para que Cipo pueda inaugurarla en primera división ante San Martín de Mendoza. El domingo será Rivadavia de Lincoln el convidado, y la victoria de local la invitada especial que el anfitrión espera ansioso.

Esta reinauguración le toca a un Cipolletti mendigo en el Torneo Argentino A. Esta cancha ya no vive del pasado. En ese césped ya no jugaron Bochini, Alonso y Beckenbauer; ni los que nos importan a nosotros: Bambi Flores, Ruso Strack, y Ruso Homann. En ese arco no nos dio el ascenso Perales al Nacional, ni en ese otro Maradona metió su primer gol con la celeste y blanca. Esta cancha mira ansiosa hacia un futuro promisorio que repita las épocas gloriosas del pasado.